lunes, 17 de diciembre de 2012

¡El hombre, el pueblo, el título!


Medellín está a 90 minutos de la sexta estrella, de la mano de Hernán Darío Gómez.

Los hinchas del Deportivo Independiente Medellín, históricamente, están acostumbrados a sufrir, pero cuando los momentos gozosos llegan, la alegría se desata.
Después de vivir 45 años de sequía, en la última década las estrellas han caído con más frecuencia para alegrar a la mitad roja de la capital antioqueña. Este domingo podría llegar la sexta corona al escudo del ‘poderoso’, si el equipo derrota en El Campín a Millonarios, en un partido que comenzará a las 5:30 de la tarde y se verá por Win Sports.
¿Y por qué no soñar con una vuelta olímpica? Medellín resolvió siempre su paso a las siguientes fases en la última jornada, y siempre de visitante: cuando necesitaba meterse entre los ocho semifinalistas, fue y le ganó con categoría al Deportes Quindío, y para llegar a esta final también lo hizo en una casa que no es la habitual, el estadio Ditaires, de Itagüí, con un gol en el último minuto del partido, y anotado por un debutante, el delantero Ray Vanegas.
El DIM fue, todo el semestre, el equipo de las sorpresas, que se recuperó de un mal primer semestre, que hizo temer incluso por su futuro. Ahora, el presente es alegre, de la mano de Hernán Darío Gómez, un técnico que supo cambiar su filosofía para aprovechar lo que tiene en el plantel.
A veces se ve muy defensivo, pero el esquema le ha funcionado a ‘Bolillo’. Después del 0-0 del partido del pasado miércoles, dijo: “Medellín no tuvo iniciativa, faltó actitud y sin embargo Millonarios no la metió. Medellín también tuvo sus oportunidades. La verdadera final se va a jugar en Bogotá”.
No va a ser fácil para el DIM, seguro. Tiene que derrotar al mejor local del torneo, al equipo con la valla menos vencida y con la mejor delantera del campeonato, así no haya marcado goles en los dos últimos partidos. Pero fuera de su estadio, Medellín también se siente cómodo: ganó tres de los últimos cinco partidos como visitante. Eso basta para la ilusión de un pueblo.

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