Jaime Ramírez hace parte de la barra 'Visión Roja', un grupo de invidentes que idolatran al DIM.
–¡Heyyy ‘Mocho’ ¿usted es hincha de qué equipo?!, grita Jaime Ramírez sin detener el cuchillo con el que le arranca la piel a la cabeza de un marrano. –Yo soy del Nacional, responde el ‘Mocho’ desde otra de las carnicerías de la plaza La Minorista, de Medellín. –Eso. Siga Perdiendo.
El ‘Ciego’ –como es conocido– se mofa así de los seguidores del Nacional que pululan en la sección de carnes de La Minorista. Jaime perdió la vista hace 18 años. Dos disparos en la cabeza le quitaron la posibilidad de ver fútbol, pero no la pasión por el Deportivo Independiente Medellín. No es un hincha cualquiera. Vibra por su equipo, eso lo llevó a conformar la primera barra de invidentes de la ciudad, hace 10 años.
“Uno nace hincha del Medellín, eso no se aprende”, dice sonriendo, y con la agilidad de un matarife le quita la poca carne que le queda a la cabeza del cerdo.
La barra de los invidentes, conocida como ‘Visión Roja’, son 12. Y aunque es redundante que no pueden ver los partidos, casi nunca faltan al estadio. Un radio son sus ojos: la emoción emana de las palabras del narrador.
“Cuando no hay radio nos toca llevar un guía. Pero el partido pasado –recuerda– estaba tan emocionado que no nos decía nada y le teníamos que preguntar qué era lo que pasaba”.
La familia de este experimentado carnicero de 39 años también es hincha del Medellín, menos su hijo de 11 años, que le salió ‘verde’: “Me dice que somos unos ‘cheperos’, que hará fuerza para que gane el ‘Millos’, yo solo me río.
Es el único del Nacional, porque hasta ‘Zeus’ (su perro) ladra cuando el DIM hace gol. Pese a su fervor es realista. Asegura que por primera vez su equipo del alma está jugando con lo que tiene.
“No hay más, y aunque al inicio de la temporada la hinchada no creía en el equipo, llegó a la final. Eso hay que agradecérselo al ‘Bolillo’, que es como un mago: de un sombrero, donde no hay nada, saca una paloma”, manifiesta.
Limpia un poco la sangre de sus manos. “¡Dónde está el tocino!”, le grita a uno de los carniceros. Y como si sus dedos fueran ojos, empieza a palpar el cuchillo con el que arreglará la carne.
El hombre descarga una canasta a su lado y Jaime empieza a sacar los pedazos de tocino, los parte con tal destreza que la gente que pasa por el lugar se detiene a observarlo, mientras los otros carniceros tratan de ‘sacarle la piedra’: “Eso, ciego, sonría para la foto, para que se vea en el periódico”, le dicen.
Pero le importa poco, sabe que lo hacen porque su DIM está en la final y no el Nacional: “No veo, pero no soy ciego, podemos ganar”, concluye, con la ilusión de celebrar este domingo la sexta estrella roja.
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