martes, 25 de septiembre de 2012

Editorial: Bogotá, un propósito común


Bogotá reclama una serie de ajustes institucionales y estructurales que no dan espera. Cada día que pasa es más evidente que la capital luce rezagada frente a sus pares en la región e, incluso, frente a sus hermanas locales. Un rezago derivado del frenazo que se le dio a un modelo de ciudad que comenzó en la década pasada y que tuvo su hora crítica con los escándalos de corrupción que enterraron cualquier asomo de progreso.
El alcalde Gustavo Petro, es cierto, encontró a Bogotá en estado lamentable, con su titular tras las rejas y un marcado pesimismo entre los ciudadanos. Si bien ha intentado poner la casa en orden, esa no ha sido una tarea fácil. Hay logros evidentes en materia de seguridad, ha adoptado medidas que apuntan hacia una menor segregación, pero también persisten la ambigüedad y las dudas en frentes claves, como la movilidad o la vivienda.
Desafíos que, en muchos casos, van más allá de la propia buena voluntad que pueda tener el mandatario y que, por tanto, requieren el concurso del Gobierno Nacional.
De ahí que sea plausible el reciente encuentro -el quinto, para ser exactos- que sostuvieron Petro y el presidente de la República, Juan Manuel Santos, a fines de la semana pasada. Durante más de cuatro horas, intercambiaron ideas y pasaron revista, al lado de sus colaboradores, a los temas que demandan atención prioritaria: metro, tren ligero, TransMilenio, finanzas y vivienda, entre otros.
Se trató de un diálogo sincero, abierto, animado por el propósito de que a la ciudad le vaya bien. Y así debe ser. Los bogotanos están reclamando un mayor liderazgo de su Alcalde y celeridad en temas puntuales, al tiempo que esperan la ayuda decidida del Ejecutivo, socio principalísimo de los megaproyectos en los que se ha embarcado y se piensa embarcar la capital.
El respaldo al metro y el tranvía y la ampliación de TransMilenio hasta el aeropuerto Eldorado son muestras del buen ambiente que se estaría gestando entre las partes.
Durante el diálogo hubo momentos de tensión y desacuerdos. No quedó claro, por ejemplo, cuál será el futuro del desarrollo urbanístico en el CAN, sede hoy de las principales entidades gubernamentales del nivel nacional y una de las apuestas primordiales de Santos para la capital.
En materia de vivienda, han primado más las recriminaciones de lado y lado. Solo esta semana se sabrá si la capital cuenta con los terrenos para las unidades habitacionales gratis que ofrece el Gobierno.
Tampoco hubo mayor avance en lo del San Juan de Dios, punto de honor para Petro, que insiste en la recuperación plena del centro asistencial para brindar salud a los más pobres, pero, dado que involucra intereses del departamento de Cundinamarca, cualquier decisión requerirá el concurso del gobernador Álvaro Cruz.
Los desafíos que les esperan a Bogotá y la región son muchos y complejos. De ahí que la serenidad, transparencia y buen juicio con que los aborden el Gobierno y la Alcaldía resulten decisivos para sacarlos adelante. No hacerlo profundizará el pesimismo de una ciudadanía que ha sido extremadamente paciente a la hora de soportar las consecuencias de las malas decisiones del pasado.
En esta nueva etapa, en la que por fortuna sigue prevaleciendo el diálogo entre las partes, no puede haber espacio para la arrogancia, la mezquindad política, los rumores o el deseo de sacar ventaja. El Presidente y el Alcalde tienen estilos diferentes de gobernar, como es natural, pero lo importante aquí es que encuentren coincidencias que devuelvan la confianza a una ciudadanía aún escéptica.

CARNETS 

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