lunes, 1 de octubre de 2012

Así fueron los días de trabajo de un director 'parcero'


La idea de tenerlo como director comenzó a discutirse hace cuatro años, pero pudo concretarse a principios del 2012. Una feliz coincidencia con el momento de esperanza que vive el país por los diálogos entre Farc y Gobierno.
El miércoles en la tarde, un Juanes con pinta de universitario apareció en la sala de redacción, mientras los periodistas trataban de seguir en sus labores normales. De la mano de Darío Restrepo comenzó el recorrido por el periódico; siempre dejando claro que no era periodista, pero sentando posiciones sólidas. Desde ese momento demostró que no tomaba la jornada como un juego u otro capítulo más de su estrellato.
Colombia le duele y por eso le dijo a Restrepo que el país necesitaba noticias positivas: "Es otra forma de mirarnos. Detrás de la violencia hay historias bonitas que contar".
Con su carné de periodista de EL TIEMPO colgado al cuello, Juanes se instaló en una oficina junto a la del subdirector de Información, Andrés Mompotes, desde la cual revisó y corrigió los textos, junto a Catalina Cock, directora de la Fundación Mi Sangre. "Bacanísimo, maravilloso, qué nota", decía cada vez que algo le gustaba. Los periodistas y diseñadores, para él todos 'parceros', estaban felices con su visión siempre positiva.
El jueves, los editores, citados a las 10 a.m. para consejo de redacción con el cantante-director, esperaron una hora por su llegada. La demora tenía una justificación: Luis Alfredo Moreno, sargento viceprimero del Ejército secuestrado el 3 de agosto de 1998 -en la toma de las Farc a Miraflores-, había esperado con ansias el momento de entregarle un retazo de tela militar que bordó con hilos de colores en tiempo de cautiverio. "Él perdonó a la guerrilla. Me dijo que sus cuidadores no tenían la culpa de haber sido reclutados siendo niños", contó Juanes a los periodistas.
Entonces, comenzó el trabajo. Juanes pasó detallada revista a las páginas. Su mayor preocupación: que el acento no estuviera puesto en la violencia, en lo negativo, sino en la esperanza y en los ejemplos de reconciliación. "Destaquemos las frases que hablen de la paz como una posibilidad real", decía. Subrayó la importancia de las historias humanas y pidió que quitaran cualquier foto de él que no fuera absolutamente necesaria.
Luego sufrió por las historias que no iban a caber, por las que se recortarían y por las que quedarían en espera. "Qué vamos a hacer con tanta crónica bonita", dijo al final de la tarde, cuando terminó una jornada agotadora y salió caminando, solo, por la mitad de la sala de redacción.
El tercer día llegó con el foro sobre la reconciliación. Se animó con las opiniones de los políticos que hablaban de paz, pero lo que más lo emocionó fue el encuentro con una víctima que soportó los vejámenes de la guerra en Puerto Berrío (Antioquia) y dio su testimonio junto al de un reinsertado que hizo parte de sus victimarios. El mejor ejemplo del mensaje que quería entregar: la forma de encontrar la paz es el perdón.
Pero su trabajo no terminó ahí. Juanes volvió al diario a afinar detalles y a decidir la primera página, en la que apostó por algo para nada convencional: una ilustración, sin fotos ni texto. El resultado: esta edición cargada de historias de vida y de paz, que dejó contenta a la redacción, de la que Juanes se despidió con un afectuoso "gracias por todo, muchachos".


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