lunes, 1 de octubre de 2012

Niños de Tadó se adueñan de sus territorios


En 2,5 hectáreas de este pueblo, 80 pequeños aprenden la importancia de echar raíces.

Angostura es una comunidad del municipio de Tadó, a dos horas de Quibdó, conocida por haber sido una despensa de oro. Allí, rodeados de la belleza y de la precariedad del Chocó, los niños son dueños de un pedazo de tierra.
Aristarco Mosquera, de 52 años, es el líder del caserío, habitado por 225 personas. Huérfano de madre desde los 6 años, sabe lo que es crecer en la pobreza, despojado de todo. Recuerda la indignación que sintió cuando, siendo un jovencito, comprendió que todo lo que veía a su alrededor no era de nadie, que ningún afrocolombiano era dueño legítimo del lugar donde vivía.
Tiempo después se convirtió en uno de los líderes que impulsaron la Ley 70 de 1993, que reconoció el derecho a las tierras de estas comunidades.
Hace 4 años, Mosquera -que se gana el sustento con una tienda de abarrotes- fue invitado por la Fundación Amigos del Chocó, de Medellín, para conocer el programa Tierra de Niños, una iniciativa que nació en Perú con el fin de fomentar en los niños un vínculo con el territorio, el ambiente y sus comunidades.
Y le propusieron ponerlo en marcha en Angostura. "Les dije a los niños: 'Van a tener una tierra solo para ustedes. Díganme cómo la quieren' ", evoca. Los pequeños pintaron sobre cartulinas una cancha de fútbol, un quiosco, un parque y una huerta. Fue entonces cuando Mosquera se puso en la tarea de conseguir un lote y encontró un charco de aguas reposadas que, como muchos terrenos de la zona, fue devastado por la minería.
El propietario aceptó ceder el lote en comodato. Y así fue como, hace 3 años, Mosquera y la comunidad empezaron a adecuar el terreno, de dos hectáreas y media.
Tierra de Niños está al lado de la carretera y es muy parecido a lo que soñaron los pequeños: tiene una cancha de fútbol de arcos sin malla, un quiosco de guadua y techo de paja, y un pequeño parque infantil, ya deteriorado.
Al lado del quiosco hay un árbol de limón, la primera cosecha de la huerta.
-¿De quién es Tierra de Niños? -pregunta la profesora Denisse Caicedo.
-¡De nosotros!" -contestan los niños al unísono.
-¿Y qué han aprendido aquí? -sigue la maestra.
-A no botar basura, a cuidar los columpios -dice Felipe Perea-. A atender las parcelas y a no tirarles piedras a los pájaros -cuenta Kevin Perea-. No es bueno pelear -dice Sandra Mosquera.
Entre el barullo se alcanzan a distinguir los deseos de los niños para su pequeño reino: una biblioteca, balones, juguetes, cuadernos y uniformes, "porque están rotos".
Pese a las limitaciones, Mosquera cree que se está sembrando la semilla de una nueva generación chocoana. "Aquí nos acostumbramos a estirar la mano para que el Estado nos dé todo. Nos acostumbramos a vivir como pobres y esa sigue siendo nuestra esclavitud", se lamenta.
Heyler, el señor presidente
Heyler Alexánder Chaverra tiene 13 años y preside a los 80 miembros que conforman Tierra de Niños en Tadó (50 de Angostura y 30 de la comunidad vecina de Corcovado). Cursa el grado octavo y sueña con ser abogado. "Aquí aprendemos a no dejar huella en la naturaleza, a apropiarnos de nuestras tradiciones. Todo, mediante el juego y la cultura", explica con seguridad. Heyler cursa su bachillerato en la población de Playa de Oro, a 9 kilómetros, porque en Angostura solo hay una escuela, que dicta hasta quinto.
En su pequeño reino también aprenden a reciclar y a elaborar artesanías con botellas y otros productos, y les enseñan a las mamás a elaborar disfraces con ropa en desuso. El 'mandatario' destaca que el proyecto ha ayudado a mejorar la convivencia, no solo entre ellos, sino en toda la comunidad. "Han disminuido la violencia intrafamiliar y el maltrato", asegura el niño, que ya habla como todo un presidente.


CARNETS 

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