En mis recorridos he descubierto un país habitado por campesinos y trabajadores honestos, como lo son mis padres; por indígenas que se resisten a los violentos y que protegen su tierra y su cultura; por mujeres creadoras de vida que terminan solas levantando a sus hijos porque la guerra les ha arrebatado a sus hombres, y a niños y niñas que, aun en los momentos más difíciles, no dejan de sonreír y soñar con un país que les respete sus vidas. Estos registros, sumados a la belleza natural de este país, son los que permiten que mi corazón y mis ojos no desfallezcan.
Los retratos de la vida y el amor en medio de la guerra, de la dignidad y la resistencia, son los que quiero compartir hoy. Yo también sueño con un país en paz, y estoy seguro de que la gente en Bojayá, Mapiripán, El Salado, Granada, San Carlos, San José de Apartadó, Machuca, Toribío, El Placer, Bahía Portete, Puerto Santander, Barrancabermeja, la Comuna 13 de Medellín y tantos otros lugares que he documentado también pide la paz.Espero que nadie vuelva a aplaudir nunca más a los que reclaman la guerra.
CARNETS
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