El anuncio de varias aerolíneas internacionales de estudiar su posible salida de Venezuela debido a una cartera millonaria del Gobierno y la cesación de pagos, agravaría aún más la situación de Gonzalo Pérez-Canto y los miles de pasajeros que tienen ese país como origen o destino.
De hecho, Pérez-Canto, de 22 años, ha experimentado las consecuencias de un aislamiento aéreo que se ha agudizado con el tiempo. En los cuatro años y medio que lleva viviendo en Cali, donde estudia psicología, ha cultivado la costumbre de visitar a su familia en Valencia, a dos horas por tierra de Caracas.
Sin embargo, en las vacaciones de junio no lo hará, pues Avianca, la aerolínea por la que usualmente se desplaza, suspendió el itinerario hacia allá, con lo cual le tocaría aterrizar en Caracas y de ahí hacer el recorrido por tierra hacia su ciudad natal. Y ese es solo uno de los 14 vuelos semanales que recortó la aerolínea desde marzo. Hoy solo conserva 7.
Según Pérez-Canto, ahí no para todo, pues ya en Venezuela las aerolíneas no ofrecen tiquetes con más de 3 semanas de anticipación y los ponen más caros.
De acuerdo con Pérez-Canto, hace tres meses un vuelo entre Caracas y Europa valía 17.000 bolívares y hoy ronda los 30.000.
“Supuestamente no hay pasajes y lo que se escucha es que la gente se monta y ven que los aviones se van vacíos”, dice.
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