La pelota le llegó a James Rodríguez de manera milagrosa. Estuvo ubicado en el instante justo, en el lugar preciso. Solo tuvo que empujarla, no con su pierna dorada, la izquierda, sino con la derecha. La pelota avanzó con dificultad, como pidiendo permiso entre los rivales. Fue el 1-0 a nueve minutos del final, un gol que no solo le daba la victoria parcial al Real Madrid contra el Atlético de Madrid (quedaron 1-1), en la ida de la Supercopa de España; además, fue el primer tanto de un colombiano con el equipo merengue en un juego oficial. Y es también un gol que llenará a James de confianza, luego de dos partidos en los que no había podido ser brillante ni determinante.
Tuvo que esperar 45 minutos en el banco. De suplente. Observando. Quizá con el deseo de entrar y brillar. Había la duda previa de si sería titular. Su ausencia era una posibilidad que se rumoraba, y así fue. Pero para la segunda parte James ingresó, y con una enorme responsabilidad. Con las miradas fijas en sus movimientos, en su juego, en su despliegue. Había reemplazado a Ronaldo.
El esquema del Real Madrid, el 4-3-3 que tanto obsesiona al DT Ancelotti, obligaba a tres posibilidades en el mediocampo: Kroos y Modric, los fijos; la inquietud era ¿Xabi Alonso, Di María o James? Jugó Xabi.
¿Por qué no eligió a James de entrada? Porque quizá aún no se adapta a esa figura táctica que lo lleva a jugar más retrasado que como lo hacía en la Selección y o en el Mónaco, y que lo obliga a tener mucho más sacrificio.
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