lunes, 25 de agosto de 2014

Vendedores informales, el embudo de la peatonalización de la Séptima

Cuando el alcalde Gustavo Petro habló de las obras que el Distrito iniciará este lunes en el tramo de la carrera 7.ª peatonalizada, algunos respiraron aliviados con la esperanza de ver un cambio en la emblemática vía, en la que hoy reina el desorden.
Pero cuando les pidió a los pequeños comerciantes que se quedaran y que no se dejaran sacar, comenzaron los interrogantes y la polémica, pues no aclaró si entre ellos incluía o no a los vendedores ambulantes que pululan en la avenida a toda hora.
“No se vayan, porque los poderosos se adueñarán de las obras públicas. Si se dejan sacar de la 7.ª, en tres años verán que se habrá perdido el mayor centro de negocios y actividad comercial de Bogotá, así que el consejo que les doy es que no se vayan. Organicémonos”, dijo esta semana durante una rueda de prensa, en la que también participaron miembros de la comunidad.
“Bogotá Humana no quiere expulsar a la población tradicional del centro de la ciudad: ni a comerciantes, ni a vendedores, ni a transeúntes, ni a estudiantes”, agregó.
Así, se encendieron las alarmas de los ciudadanos ante el mercado de pulgas en el que se convirtió esta arteria: antes se ubicaban solo en los andenes, pero ahora están en la vía y en los andenes. Pese a los anuncios sobre los planes para organizarlos, no ha habido autoridad que controle su proliferación.

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